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Mujer soltera y fumadora
por Antonia Gómez Quintana
Cafre
Y que por lo visto el club de los países más ricos del mundo mundial y que se han ido en a tomar por culo y que o sea a Japón eso si gastos pagos y que para hablar de sus dinerales.
Y que como los pijos son mu suyos con los tratamientos y que estos en vez de los Puchis o los Kukis y que se han puesto G8 y que al igual por gilipollas en octavo grado.
Y que como con ocho basta son los responsables del 85% de la contaminación del planeta y que al igual se han reunido por fardar del CO2 que echan los coches que suelen y que esos de alta gama.
Y que también debatieron de que dicen sus señoras que la servidumbre se queja porque y que hay que verse de cómo están los precios en la plaza y que en el transcurso de la conversación y que empezaron a salivar más que el perro de Pávlov.
Y que el babeo debió de ser mucho y que porque se les debieron de abrir las compuertas del gaznate y que porque se han papeado 24 platos por día.
Y que en el banquete de bienvenida y que se embucharon 8 platos principales 8 y que a base de cangrejo, caviar y cordero y que por no atorarse lo regaron con 5 tipos de champañas y vinos, o sea, un frugal buffet.
Y que debió de ser en la sobremesa entre eructos con el café y la copa y que cuando metieron el puro de que el pueblo debía reducir el innecesario despilfarro de granos y que bien podían hacer un esfuerzo para solucionar la crisis global, coño.
Y que en tanto el hambre, la pobreza y la desesperación cruzaban las afiladas olas del océano y que calzando la muerte un féretro de sólo seis por dos metros.
Y que al pairo, quemados por el sol y el salitre, los que tenían más estómago arrancaban los cadáveres de nueve niños de los brazos de sus madres para arrojarlos por la borda.
Y que al callar el silencio, al calar los sollozos, cuando rasgaba la mañana, vieron como dejaban atrás un torbellino de gaviotas deslizando su oscuro vuelo sobre las pequeñas muertes, a la deriva en las aceradas aguas del estrecho.
Y que a Dios gracias nunca entenderá, y que porque entre otras cosas no tiene capacidad para ello, a los cafres que culpan de estas tragedias al mar o a las madres que han perdido a sus pequeños durante el viaje.
Sostiene Casimiro y que porque además de un despreciable atentado a la vergüenza y que es un insulto a la inteligencia aunque, bueno, y que entonces si es su caso, usted no tiene por qué considerarse ofendido, caballero.